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jueves, 20 de enero de 2011

COMPRADORES COMPULSIVOS.


La felicidad no tiene precio, pero hay gente que quiere comprarla. Una actividad tan cotidiana y necesaria como salir o hacer la compra se puede convertir en una verdadera obsesión. Esta curiosa y cada vez más común adicción se define como “una conducta que utiliza un bien material como instrumento para conseguir un bien inmaterial”.


         Aunque seguramente todos tenemos la sensación de gastar más de lo debido o de comprar objetos inútiles, el problema surge cuando esta sensación es diaria y los gastos innecesarios superan las posibilidades económicas.  Las consecuencias más graves de la adicción son las deudas adquiridas.  Un comprador adictivo acaba debiendo al año la suma equivalente al 50%. del presupuesto familiar.
Hace pocas semanas, en la Oficina Municipal de Información al Consumidor del Ayuntamiento de Ourense
(988 38 81 29) se reunió un equipo de profesionales que advirtieron acerca de la seriedad del tema.  Surge, así, un programa de ayuda a adictos a las compras que, junto con el desarrollado por la Universidad de Zaragoza, es el único que existe en España para tratar este problema.  Impulsado por la psicóloga de la OMIC, Rosa Ma Rodríguez, y con la colaboración de profesores de las Universidades de Santiago y Vigo, el programa tiene como principal objetivo que las personas afectadas por esa adicción procuren la felicidad a través de medios que no conlleven desembolsos económicos.

En qué consiste la adicción.  Los expertos dejan claro que el hábito de compras compulsivas no es un simple vicio, sino que bajo él subyace un serio problema emocional, de estados de ánimo extremos:
1.-Depresión.  El momento disparador del problema resulta ser un episodio traumático en la vida de la persona.
2.-Euforia.  Utilizan la compra como forma de cambiar el estado de ánimo y encuentran consecuencias positivas en el momento de la compra: aumenta la autoestima y se reduce la ansiedad.
3.-Depresión.  Sin embargo, la euforia se sucede de un fuerte sentimiento de culpa, al percibir su falta de control.
Ellos y ellas.
  Resulta también muy curioso cómo la compra adictiva se especializa según los sexos.  Así, a los hombres les atraen aquellos productos que les puedan aportar prestigio o un cierto estatus social, como los automóviles, mientras que las mujeres compran fundamentalmente artículos relacionados con la imagen personal y el hogar.  En cualquier caso, se trata de personas que sólo piensan durante el día en lo que van a comprar, y al llegar a la tienda adquieren aun mas productos de los pensados.  Rosa M' Rodríguez advierte, finalmente, que «no están locos, sino que han extremado los estándares de la sociedad de consumo que conduce a una confusión de verbos: «ser», igual a «tener».

La terapia. 
El coordinador de las terapias, Rafael Rodríguez, profesor de Psicología Clínica de la Universidad de Santiago, destaca que «el tratamiento debe ser especializado según cada caso».  En primer lugar se evalúa la conducta de compra: el adicto realiza un autorregistro a través de unas tarjetas en las que anota los productos adquiridos, los establecimientos y la situación concreta en la que decide comprar Posteriormente se realiza el tratamiento guiado, del que se destacan fundamentalmente dos objetivos.
1. Reducir los niveles de ansiedad acompañándolos a aquellos locales que más les impulsan a la compra.
2. Comprar con lista, pues deben acostumbrarse a comprar a'ustándo se a unos objetivos previstos,               El tratamiento se caracteriza por ser un programa con posibilidad elección.
Como resalta Rafael Rodríguez,  se distingue de otras adicciones en que «no se puede procurar la abstinencia absoluta», ya  que comprar resulta una actividad necesaria. 
La meta propuesta es que la compra no rija nuestras vidas.          


Cuándo se sienten impulsados  a comprar. 
Según los investigadores,  los momentos más proclives para la compra excesiva son las tardes y,         especialmente, alrededor de los días festivos, debido quizás a una mayor disponibilidad de tiempo.  Estos episodios aumentan también en ciertos momentos del año favorecedores del consumismo, como puede ser la Navidad, las rebajas, etc. 
Aunque para Rafael Rodríguez no existe una diferencia relevante en el aumento de compras registradas durante estas fechas entre los adictos y los compradores normales.
El impulso a la compra, es decir, el momento en el que sienten la necesidad de adquirir productos, se da normalmente en la propia casa, aunque también en el trabajo, en grandes almacenes o incluso mientras se está conduciendo.  Por supuesto, este impulso se ve favorecido por la publicidad, tanto por medio de la televisión (anuncios, programas de telecompra) como por la visualización de catálogos.
Las sesiones de compra adictivas tienen una duración media de entre 1 y 2 horas,  aunque pueden llegar a extenderse hasta siete.  Tales episodios, además, suelen repetirse, como promedio, una docena de veces cada mes.

Consideración social.  Para los especialistas, la realización habitual de compras excesivas o inadecuadas ha pasado de ser considerada como un hábito inofensivo a incluirse entre las conductas adictivas y de  los trastornos del control de impulsos.  Sin embargo, nuestra sociedad  aún no entiende o desconoce la gravedad de esta adicción.  La falta de  información y la ausencia de conciencia social de la cuestión da lugar a que los compradores compulsivos oculten sus problemas y experimenten una si-tuación de indefensión vital.  Responsables de grandes áreas comerciales aseguran que estos adictos pasan totalmente desapercibidos en este tipo de superficies.

- En tiendas más pequeñas se les identifica claramente.  Una dependienta de una tienda de productos a cien pesetas señala que en su establecimiento «Sí se detecta este tipo de compradores.  Suelen ser señoras que acuden casi a diario y se llevan algo que admiten que no les hace falta»

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